Por motivos económicos no pude viajar para la temporada decembrina a ver a mi familia en Colombia, por lo tanto me quedé acá, sabiendo que iba a soportar el verano y quizá a aburrirme, pero no fue así, aunque con lo primero sí, estoy derretiéndome lentamente, pero por lo segundo no.
Siempre quise pasar un fin de año en un lugar diferente, rodeado de la naturaleza, poder ver la vida desde otra perspectiva. Personalmente estas festividades no me gustan, pero sí quería conectarme conmigo misma, poder salir de la rutina, por lo tanto, con otra chica colombiana que no pudo viajar y con dos chicas locales, nos fuimos para San Marcos sierras, una ciudad pequeña, conocida como la "ciudad de los hippies". Salimos de Córdoba capital bastante temprano, el bus tardó como 3 horas y media en llegar a nuestro destino. Cargadas con maletas, bolsas y la heladera, nos tocó caminar como 15 minutos, en medio de la lluvia y un cielo tormentoso, hasta llegar a la plaza principal, y así poder hacer respectivas llamadas para obtener un lugar en algún hostal. Y así fue, después de que dos de las chicas hicieran esos trámites, nos fuimos a un cuarto muy lindo, por el cuál pagamos aproximadamente 400 pesos argentinos, tenía baño, aire acondicionado, dos camas, fue un lujo, ya que queríamos pasar al menos el 31 de Diciembre en un lugar lindo. Como si hubiera sido obra de un dios mítico, el cielo se aclaró y salió un sol resplandeciente, así fue que decidimos salir a recorrer el lugar (después de vernos una película y algunas dormir un poco). Paseamos por el río, nos mojamos los pies, nos refrescamos un rato y después en la noche salimos a los asadores a fabricar nuestro plato de celebración. Después de ser cocineras estrellas y ayudantes de cocina, pudimos sentarnos y deleitarnos con lo rico que había quedado, después el brindis y esperar a que la noche hiciera de las suyas.
Al otro día, recorrimos el pueblo, la plaza, nos metimos ya de lleno al río y pudimos relajarnos ahí. Ya no estábamos en el cuarto, sino que empezamos a acampar.En la tarde de ese día, una de las chicas tuvo que irse pues tenía que trabajar, así que sólo quedábamos 3.
El 2 de enero tomamos bien temprano un remis que nos llevó hasta una de los tres lugares para acampar, que se llama "Tío Rico". Llegamos, buscamos un lugar propicio para acampar y armamos todo. Lo que no sabíamos era lo que estaba por venirse...nos tocó rápidamente tomar todo (carpas ya armadas y mochilas) y poner todo esto en un lugar que estaba techado, ya que estaba empezando a llover duro. Después de todo esto y de algunos inconvenientes "carpísticos", salió de nuevo el sol y pudimos salir y sentarnos en una gran roca y poder divisar el lindo paisaje que nos ofrecía el lugar y admirar la belleza del Río Quilpo.
Finalmente al otro día nos tocó ya regresar a la realidad, cosa que no queríamos, pues estábamos tan bien en aquel lugar, yo por ejemplo sentí una paz increíble, me conecté mucho con la naturaleza y conmigo misma. Fue algo increíble.




